La eterna búsqueda del dorado: La dura realidad del emigrante venezolano

Leonardo Osorio Bohórquez

 

En los últimos años ha habido un éxodo masivo de venezolanos al exterior  huyendo de la pobreza, el hambre, la falta de seguridad y un mínimo de condiciones necesarias para garantizar un adecuado nivel de vida. Son las consecuencias de haber apoyado un modelo socialista que solo trae miseria en donde se aplica.

 

Sin embargo, labrarse un camino en el exterior no es tan fácil como muchos creen. No han sido poco los fracasos personales de muchos venezolanos en países vecinos, a veces por falta de planificación, y en otros casos por no ser conscientes de la dura realidad. Se van con ese marco de referencia que era haber vivido en un país donde la mayoría de los servicios públicos, aunque deficientes, no eran pagados por los ciudadanos.

 

Afuera es cierto que se tiene mejores oportunidades de conseguir un empleo que permita por lo menos satisfacer un mínimo de necesidades, pero no son fáciles de conseguir y mantener los trabajos por la fuerte competencia, por la enorme cantidad de venezolanos que han copado a lo largo de los años las principales y mejores plazas laborales.

 

Los que se fueron desde el comienzo del chavismo pudieron acomodarse mejor en el exterior, cuando la competencia era mucho menor, en su mayoría fueron profesionales y tenían cierto capital para instalarse. Los últimos emigrantes que se han ido desde el 2017 aproximadamente, se van en su mayoría sin recursos económicos, sin tener a donde llegar, y es más una aventura que una apuesta real por construir un futuro mejor.

 

Recuerda a la permanente búsqueda del dorado por parte de los conquistadores españoles, que aspiraban a encontrar un paraíso terrenal donde se pudiera obtener riqueza fácil. Es la idea por parte de algunos venezolanos de recuperar el Estado mágico perdido en Venezuela, con la misma mentalidad de exigir a las autoridades de otros países que los asistan en sus necesidades.

 

Muchos organismos internacionales como las ONG se han dado a la tarea de prestar apoyo a los venezolanos en el exterior, pero esas ayudas son muy limitadas y temporales. Los servicios públicos en todos los países de Latinoamérica tienen altos costos, y la gente tiene que adecuar su consumo a su capacidad de pago.

 

Esto es un golpe de realidad para muchos, que creían que los sueldos en el exterior  por ser mejores que los de Venezuela actualmente, les permitirían recuperar un buen nivel de vida. Por lo general se consiguen empleos informales donde se paga el sueldo mínimo e incluso  menos, esto no permite una vida desahogada en ningún país.

 

Los sueldos mínimos pueden alcanzar para sobrevivir, algo que en Venezuela es imposible.  A lo mucho esos salariaros pueden cubrir los costos alimenticios, pagar  el alquiler, los servicios públicos y enviar algo a los familiares que quedan en Venezuela, muy poco puede quedar para la recreación, esto afecta a muchos acostumbrados contantemente a las fiestas y salidas de fin de semana.

 

Ganarse afuera los ingresos es mucho más complicado, las jornadas de trabajo son más largas que en Venezuela donde se labora unas cuarenta horas semanales, se cuenta con dos días libres a la semana y un sin fin de días feriados por lo cual se tenía bastante tiempo libre. En el exterior a duras penas se tiene un día libre a la semana, las jornadas de trabajo por lo general son de 12 horas diarias.

 

Las faltas laborales tan comunes como lo son en Venezuela, no tienen justificativo en el exterior, faltar por lluvias o por sentirse ligeramente mal por algún dolor de cabeza o gripe común, no es aceptado como una razón para ausentarse del trabajo. Si es reiterativa la ausencia laboral inmediatamente el trabajador es reemplazado.

 

Los días feriados son muy pocos en la mayoría de los países, y en  los trabajos siempre hay que estar activo realizando alguna tarea. La desidia y el desinterés son sancionados en la mayoría de los casos, así como las malas respuestas a los empleadores no son toleradas como lo eran a veces en Venezuela.

 

Es un cambio de 180 grados con respecto a lo que el venezolano estaba acostumbrado a hacer en su país. Eso en el mejor de los casos cuando se cuenta con un empleo. Es muy común en Colombia, Perú u otras partes de Latinoamérica ver a los venezolanos en carpas ubicados en plazas públicas o pidiendo limosnas en los semáforos, incluso andan con bebés y niños por no lograr acceder a un puesto de trabajo u obtener ayuda.

 

Es un panorama muy triste del que pocos están dispuestos a hablar y ser sinceros sobre la realidad de la vida de un venezolano en el exterior. Sobre todo dentro de países que no cuentan con un desarrollo económico importante para dar apoyo a miles de personas que cruzan todos los días las fronteras.

 

Esto sin mencionar que en muchos casos algunos se dedican a la prostitución, delincuencia  y toda clase de actividades ilícitas, que lógicamente producen rechazo en los países vecinos. Cada vez las naciones colocan más trabas para permitir la entrada de venezolanos.

 

Ante esos inconvenientes, el termino xenofobia ha pasado a formar parte del lenguaje común, pero muy pocos conocen sus significado real. A veces se cofunde la xenofobia con el hecho de sancionar o hacer llamados de atención a venezolanos que no cumplen con las normas del país que los recibe.

 

Ese es otro problema, se estaba muy mal acostumbrado al incumplimiento de la ley en Venezuela, por ejemplo, en los barrios era común poner música a todo volumen en las casas, cuando esto no es permitido en la mayoría de los países por los vecinos. Ante situaciones tan inocuas el termino xenofobia es usado de manera indistinta, inclusive para ocultar reclamos justificados por malos comportamientos en el exterior.

 

Ante esa dura realidad algunos han decidido retornar a su país, recientemente el uso del dólar y un pequeño auge del consumo expresado en la aparición de los bodegones, hace creer que la situación en Venezuela ya es diferente, que nuevamente se puede hacer riqueza fácil.

 

Nada más lejos de la realidad, esto lleva a la frustración de muchos venezolanos que se han devuelto al país con la sensación de haber fracasado en el exterior, para ver si ahora si es posible sobrevivir en Venezuela. La vida de los expatriados es difícil en cualquier nación, y son las falsas expectativas, la falta de preparación y vicios, lo que les impide insertarse exitosamente en otras naciones. La búsqueda de un dorado siempre termina en infortunio.

 

Referencias

Imagen; Obra «El mendigo » de Jules Bastien Lepage

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