El camino no transitado: el libre mercado como solución estructural a la crisis venezolana

Leonardo Osorio Bohórquez

 

Son diversas las soluciones planteadas por analistas y académicos que han hecho propuestas para superar el actual estado de caos en Venezuela. Entre los aportes, el profesor Ramón Rivas Aguilar, publicó el 28 de abril de 2019, en Ideas en Libertad, el trabajo «Venezuela, 2019 (Colapso): El problema el Estado, la solución el libre mercado, disponible en http://ideasenlibertad.net/venezuela-2019-colapso-el-problema-el-estado-la-solucion-el-libre-mercado/

 

No existe un consenso general, pero es coincidente la idea de reforzar el papel de la empresa privada en un hipotético cambio político. El dilema es sobre los niveles de participación que tendrá el Estado dentro de la nueva Venezuela.

 

Es fundamental enviar desde los comienzos de la transición un claro mensaje de querer cambiar estructuralmente el sistema económico venezolano, y no que simplemente se apliquen una serie de reformas para palear la situación.  El libre mercado es la mejor solución para resolver paulatinamente los problemas del país, al dar al individuo la libertad para emprender dentro de un contexto de garantías ciudadanas.

 

Hacerlo no es tan sencillo como muchos piensan, superar las tradiciones estatistas y el paternalismo al cual el Estado ha acostumbrado a la sociedad venezolana desde hace décadas, desde antes de la llegada del chavismo al poder, muestra como probablemente habrá resistencia al cambio. Ya Douglass North[1] explicaba como el desarrollo de la economía depende tanto de sus instituciones formales, referidas a los marcos jurídicos que establecen las reglas de juego, como a sus instituciones informales concernientes al plano de la cultura y las mentalidades.

 

Las instituciones terminan por moldear la acción individual, por ello dentro de un modelo que de incentivos para el trabajo e iniciativa empresarial, siempre habrá emprendedores. Esto en contraposición a sistemas plagados por los vicios del clientelismo, subsidios, burocratismo y corrupción que acostumbran a los ciudadanos a vivir de la informalidad, de las ayudas sociales y de los vínculos con el Estado, en lugar de buscar la prosperidad por medio de la producción e innovación.

 

Para lograr establecer ese nuevo sistema favorable para la libre empresa en Venezuela, es fundamental realizar un cambio jurídico radical. Es imposible establecer una economía de mercado con una constitución contraria a la iniciativa individual, plagada de una enorme cantidad de derechos colectivos y con un fuerte estatismo que vulnera la propiedad privada.

 

Para ello es fundamental proceder a establecer también un nuevo modelo político, donde exista un sistema parlamentario y descentralizado, que ponga límites al presidencialismo prevaleciente en la historia nacional. Que se cumpla el principio de contrapesos y división de poderes necesarios para evitar el surgimiento de otro totalitarismo socialista.

 

Que las regiones administren sus propios recursos, esto dará más incentivos para la prosperidad. Asimismo, se debe abandonar nociones peligrosas como la idea de “redistribución de la riqueza”, esto ha dado pie al saqueo constante de la propiedad privada. Se debe superar la visión de la economía bajo una lógica de suma cero, la prosperidad de unos no implica la pobreza de otros.

 

Bajo esa equivocada idea se ha atacado la economía de mercado y el capitalismo, por ser supuestamente un sistema que favorece  solo a los ricos, pero la evidencia histórica muestra todo lo contrario, el interés individual y social no son antagónicos, Venezuela necesita fomentar el emprendimiento empresarial.

 

Esa es la mejor garantía de independencia y libertad del individuo, evitar depender lo menos posible económicamente del Estado. Los préstamos internacionales sobre el cual muchos colocan la principal esperanza de recuperación del país, si bien pueden ayudar en el corto plazo a la reconstrucción nacional, traen consigo una pesada carga de endeudamiento internacional.

 

Lo ideal entonces es atraer la mayor cantidad de capitales nacionales e internacionales posibles, por medio de inversiones privadas directas e indirectas. Los inversionistas se instauran en aquellas naciones que le ofrecen mayores ventajas competitivas y comparativas, pero requieren de ciertos incentivos y garantías.

 

Para el caso venezolano, es conveniente tomar el ejemplo de las zonas económicas especiales aplicadas en China, con bajos impuestos, facilidad para establecer empresas con pocos y fáciles permisos, y una legislación laboral flexible y garantías de seguridad a la propiedad e inversiones. Este modelo debe aplicarse de forma uniforme en todo el país. Es decir, no solamente en algunas regiones porque crearía una injusta desigualdad.

 

Dentro de las economías de libre mercado no deben existir privilegios estatales, como bien lo señalaba Adam Smith en su texto “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones la riqueza de las naciones”,[2] todos deben ser iguales ante la ley y el mercado debe estar abierto a la competencia. Esto es lo que realmente evita la instauración de monopolios, cuyo origen está en la permanencia de mercados cautivos e intervenidos por los Estados. Dentro de una economía de mercado el éxito se basa en la satisfacción de necesidades de los consumidores.

 

El libre mercado incentiva la competencia, que tampoco es contraria  a la cooperación, permite a los individuos asociarse y establecer relaciones sobre la base del consenso y no de la coacción e imposición. Las principales demandas de la sociedad Venezolana deben estar dirigidas a tener una mayor libertad tanto en el plano político como económico.

 

El libre mercado demanda un Estado limitado en sus competencias básicas: justicia, obras públicas y seguridad. Sobre todo esto último es fundamental, si el nuevo gobierno no logra recuperar su capacidad de gobernabilidad sobre un territorio asediado por diferentes grupos paramilitares y bandas delictivas, será imposible garantizar el resguardo a la propiedad y seguridad ciudadana.

 

Superar la debilidad institucional es clave para garantizar el cumplimiento de  la ley, promover nuevos valores asociados al trabajo, innovación y emprendimiento deben ser la base de la nueva economía venezolana. Es necesario entender que el mercado es la mejor manera de distribuir bienes y servicios sobre la base de los méritos de las personas, de esa forma se creará una sociedad productiva en el largo plazo que no pretenda seguir viviendo de los subsidios estatales.

 

Así se podrá finalmente lograr el tan anhelado desarrollo por medio de la puesta en práctica y efectiva de una economía de libre mercado, lo que en Venezuela hasta ahora nunca ha sido ensayado por diferentes razones y dificultades, por lo cual no se pudo lograr una alta productividad y capacidad competitiva.

 

Referencias 

[1] North, Douglass (1993). Instituciones, Cambio Institucional y Desempeño Económico. México. Fondo de Cultura Económica.

[2] SMITH, Adam. (1979). Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. México DF. México. Fondo de Cultura Económica.

Imagen: Obra «At the Vegetable Market» de Paul Gustave Fischer

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